


Escasez, bomba de tiempo: UAM
Autoridades deben administrar la demanda del líquido, no aumentar la oferta, afirman
El problema de abastecimiento de agua al valle de México es una “bomba de tiempo” que las autoridades federales y locales no están atendiendo en toda su gravedad, señalaron investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco (UAM-A).
Los académicos Lilia Rodríguez Tapia y Jorge Morales Novelo explicaron que ante el aumento de la demanda del líquido, producto del crecimiento de la población y de las actividades económicas, históricamente la respuesta gubernamental ha sido incrementar la oferta mediante la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la importación de agua de otras regiones.
Tales medidas, sin embargo, no han solucionado el problema porque el mantenimiento de los sistemas de distribución tiene entre 15 y 20 años de retraso; porque sigue desperdiciándose alrededor de 40% del recurso y porque el costo de éste para uso doméstico es bajo. En consecuencia, afirmaron, el déficit de disponibilidad del líquido prevalece y cada vez será mayor.
“Estamos en un punto en el que hacemos algo o esto se va a volver una catástrofe”, comentó Morales.
Demanda de agua en México aumentará 25% en 2030: UNAM
El Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades señala que la construcción de represas permite la distribución del líquido pero también desencadena problemas ecológicos
La población mexicana alcanzará en 2030 los 125 millones de habitantes y la necesidad de agua será superior en 25 por ciento a la actual, alertó Gian Carlo Delgado, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.
Abundó que, ante la escasez, la construcción de represas permite la distribución del líquido pero también desencadena problemas ecológicos y sociales importantes.
Según un comunicado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el país el inconveniente es que este recurso está distribuido de manera desigual, pues 70 por ciento se concentra en los estados del sureste y 30 por ciento en las entidades restantes.
Por ello, dijo, "más de dos terceras partes del país son áridas, semiáridas o cuentan con un nivel bajo de disponibilidad hídrica". Expuso que los grandes diques fueron diseñados como una infraestructura estratégica para proveer de fluido constante a poblados que lo necesitan, pero la polémica tiene que ver con quién decide a dónde van los torrentes, el costo y el uso que tendrán.
Además, otros problemas asociados con este tipo de construcciones es que no siempre son proyectos económicamente viables y algunos resultan insostenibles, sea porque presentan niveles de evaporación exagerados o porque interrumpen el cauce de los ríos.
También hay que considerar que su vida es corta, pues varía entre 25 y 50 años (según sus dimensiones); en ocasiones cubren tierras con ruinas prehispánicas y generan gases de efecto invernadero cuando la biomasa bajo su superficie comienza a descomponerse y arroja bióxido de carbono y metano.
Estos almacenes hídricos, abundó el especialista, afectan al ecosistema al emplazar infraestructura como carreteras y tendido eléctrico, amenazar a la flora y fauna y favorecer la aparición devectores infecciosos.
Delgado Ramos afirmó que además tienen impacto en el plano social, pues desplazan a comunidades enteras de sus lugares de origen.