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martes, 20 de enero de 2009

LES RECOMIENDO LA PELÍCULA

SIETE ALMAS ES UNA PELÍCULA QUE PROTAGONIZA WILLIAM SMITH Y DE VERDAD QUE SE LAS RECOMIENDO MUCHO MUCHO. ESTÁ BUENA PARA LA REFLEXIÓN.

¡MUY BUENA!

LUPITA

Titulo: Siete Almas

Titulo Original: Seven Pounds

Género: Drama

Nacionalidad: USA

Año: 2008
Críticas de usuarios: 3


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Director: Gabriele Muccino

Guion: Grant Nieporte

Reparto: Will Smith, Rosario Dawson, Michael Ealy, Barry Pepper, Woody Harrelson

Sinopsis: Ben Thomas (Will Smith) es un agente del IRS que guarda un fatídico secreto, y que se embarca en un viaje extraordinario de redención en el que cambiará para siempre las vidas de siete desconocidos.

Todo comienza con una lista de siete nombres: Holly Apelgren, Connie Tepos, George Ristuccia, Sarah Jenson, Nicholas Adams, Ezra Turner y Emily Posa. Lo único que todos tienen en común es que cada uno de ellos han llegado a un punto en sus vidas en que necesitan ayuda desesperadamente, financiera, espiritual o médica y que sin saberlo, han sido elegidos cuidadosamente por Ben Thomas para formar parte de su plan de redención.

Una vez que el plan está en marcha, nada puede alterarlo. O eso es lo que él piensa. Pero lo que nunca esperó era enamorarse de uno de esos extraños, y que sea ella quien comience a cambiarlo a él.







martes, 6 de enero de 2009

El mal de amores, enfermedad de siempre


El mal de amores es una enfermedad vieja como el diablo. En el siglo XVII el pintor holandés Jan Steen pintó varios óleos que retrataban el malestar: "La mujer enferma" ("The love sick maiden" en inglés) de 1660 es uno de ellos.

Sus padres administraban una taberna en la ciudad de Leiden así que no es de extrañar que el artista tuviera predilección por escenas de gente divirtiéndose, tomando vino, bailando o tocando algún instrumento.
Durante su infancia y adolescencia en esa taberna, vaya si habrá visto hombres y mujeres sufriendo por amor...

Como tratamiento para el mal de amores el reconocido médico "del amor" francés Boisier de Sauvages prescribía en el año 1724 "un régimen sobrio y refrescante de lacticinios, tisana de cebada, raíces de nenúfar, semillas de Agnus castus, ejercicios corporales, distracciones sanas y viajes". Prohibía todo cuanto podía agravar el mal, tal como las carnes, los vinos generosos, los alimentos con especias.

Te extraño, te lloro, te recuerdo, no soporto el dolor, son sensaciones que sentimos cuando perdemos al que consideramos el gran amor de nuestra vida. Este artículo nos da algunos consejos para ayudarnos a sobrellevar esa perdida con más tranquilidad.


"Me cuesta imaginar mi vida si tu no estas".

"La busco en cada amanecer".

"Me hace mucha falta".

No son solo palabras. Son sentimientos que surgen con el dolor de extrañar lo que hemos perdido. Y el dolor de la pérdida nos traspasa el corazón en al misma medida de la fuerza del amor perdido. El llanto brota en nuestros ojos y recordamos cada momento compartido. Nos sentimos tristes, no queremos comer, no podemos dormir, creemos morir a cada instante. Nuestros sentidos se amplifican de nostalgia y los perfumes, colores y sabores evocan lugares, tiempos, circunstancias, presencias que hoy laceran el alma por su ausencia. En fin, estamos deprimidos. La causa una pena de amor, un guayabo, un despecho.

¿Qué hacer?
Dejar que los afectos nos invadan: frente al shock de la pérdida podemos reaccionar de muchos modos. Uno es negarlo, tapar los afectos que como surtidores van saliendo. Al sofocarlos no sólo hacemos que se transformen en al energía que puede dar lugar al nacimiento de los síntomas sino que, también, impedimos que sanen, porque nunca pueden sanar en ausencia.
La tristeza y la pena son reacciones no sólo normales, sino necesarias para elaborar la separación de lo perdido. Si no se entristece no se aprende. Así que frente al amor perdido: mirarlo de frente, dejar que nos invadan los afectos que vayan surgiendo Soltar en nuestros ojos, nuestra boca, nuestro corazón, las emociones. Todas y cada una. No tener vergüenza de buscar un hombro, un pecho, una mano que nos acompañe. Por supuesto no se olvide de Mariposa Lily, de Water Violet y de Agrimony.
Dejar que los amores partan: lo que la depresión pone en juego es nuestra capacidad de poder aprender a separarnos, a desprendernos, a soltar al otro. En este dejar partir reconocemos que "no soy tu dueño", que "nunca te perdí porque no eres mía", que no debo interferir en los caminos que cada cual transita. Y también a aprender a ver que cada vínculo es una cita que la vida nos proporciona para aprender algo de nosotros.
Dejar que los amores partan es un modo de despedirse.
Y si bien en cada despedida algo de nosotros se va con el otro también puede enriquecernos mucho. Recuerde tomar Bleeding Heart y puede acompañarlo de otras esencias que le ayuden soltar como Sage.
Dejar de buscar el culpable: "Usted es la culpable de todas mis angustias, de todos mis quebrantos" dice un bolero de Gabriel Ruiz. A veces, prisioneros de la necesidad de buscar a quien hacer responsable de una situación que sentimos como fracaso perdemos de vista que no hay tal fracaso, que se trata de una experiencia que podemos transformarla en riqueza para nuestra vida. Buscar culpable es un rebusque que no nos ayuda a cincelar la pena de amor que nos mantiene aferrados y arraigados al ayer. No deje para más adelante tomar Chicory que hoy le puede hacer muy bien.
Dejar de creer en amores inmortales: muchas veces uno queda atrapado en el espejismo de "para siempre". Aunque para el bolero existan amores "que inolvidablemente vivirán en ti" esto no tiene que hacernos perder de vista que desde chicos vivimos (no se si aprendimos) es el hecho que los amores se van. Que el amor es siempre un don que nos falta y como nos falta es que lo buscamos y cuando lo encontramos nos damos cuenta, al poco de andar, que no hay amores perfectos, que lo buscado nunca es igual a lo encontrado, porque lo que buscamos es "alguien" que cubra todos nuestros agujeros y carencias y... Bo Derek (la chica 10) es solo una ilusión del celuloide. Por las dudas que la idealización se apodere de usted tenga a mano Clematis.
Dejar de anclarnos en el pasado: hay amores que nunca pueden olvidarse. El de la madre, por ejemplo, pero llega un tiempo que uno necesita otra mujer, necesita cosas que mamá no puede darnos. Del mismo modo hundirse en el pasado no nos permite seguir avanzando, no nos deja ver nuevas perspectivas, nuevos caminos. Hay gente que frente a una pena de amor se plantea "Cómo despertar si tú no estas..." Muy simple: usando un despertador. Cualquiera sea. Para cada uno será algo diferente. El corazón puede despertarse, pero hay que recordar que para que suene la alarma hay que dar cuerda. Solo hace falta descubrir cual es la "cuerda" de cada uno. Use unas gotas de Honeysuckle y de Wild Rose.
Dejar de decirnos que somos una basura: cuando se rompe una relación algunas personas piensan "soy una basura, lo hice todo mal, no sirvo para nada". Es lógico que nuestra estima este por el suelo, que nos sintamos un tacho de desperdicios, que nuestro Yo este por debajo de su línea de flotación. Esta creencia de "no sirvo" lo que hace es impedirnos ver totalmente como son las cosas. Tampoco digamos "soy superman". Pero entre ambos extremos hay un punto medio. Sin embargo, ya que somos mortales siempre vale tener a mano Larch, Buttercup o alguna otra esencia que levante la estima dañada.
Si un vínculo se rompe, si nos invade una pena de amor hay que tener presente que es saludable llorar, extrañar y recordar. No se prive de nada ya que solo se puede dejar atrás aquello que primero se vivió intensamente. Todo esto para poder sentir, al final de la jornada de la depresión, la libertad que da el desapego y el reconocer que hemos podido amar y hemos podido soltar y este ida y vuelta nos ha hecho crecer.
Sobre esta base prepárese un kit de autoayuda para el sábado por la noche y salga al mundo, que hay gente maravillosa con la cual da muchas ganas de caminar amarraditos o bailar apretados.

domingo, 4 de enero de 2009

MAL DE AMORES





Emilia Sauri es una mujer de fin del siglo XX que crece en el cambio cronológico del siglo anterior que personifica lo que muchas mujeres quisieran ser. Emilia Sauri es el personaje central de la novela Mal de Amores publicada en 1996 por Angeles Mastretta. Y Angeles Mastretta (1949) es una mujer mexicana que en estos últimos años se ha colocado en los primeros lugares de venta de sus libros no sólo en su país, sino en América, en español, y en las lenguas a las que se ha traducido sus novelas.

A Mastretta le fue otorgado el premio Rómulo Gallegos en 1997. Habitante del corazón de Ciudad de México no refleja en su temperamento público las pasiones y tormentos por los que pasan sus personajes femeninos. Ha asumido el amor como el tema central de sus novelas. El amor y el desamor y con ellos la pasión y la tragedia. Su vida intensa se refleja en los personajes de sus novelas, aunque no sean biográficas en la anécdota. Partidaria de la diferencia, una característica que se impone entre los rasgos de la cultura de sociedades de fin de siglo XX, cuestiona los dogmas y es apasionada por la vida. Y así es Emilia Sauri: amante contra las convenciones, liberal en un momento en que una mujer no podía serlo, vital y que por serlo conoce la felicidad y la desgracia.


Mastretta sitúa su novela Mal de amores en el México convulsionado de principios del siglo XX. Tiempos de revolución y de guerra, de incertidumbre y construcción de nuevos paradigmas sociales. Desde esa perspectiva, retoma en parte la temática de la novela de la revolución mexicana. Pero la revolución y la política son apenas el escenario de fondo de los sentimientos femeninos, finalmente su preocupación mayor. Por esto se ha dicho que Angeles Mastretta es feminista o por lo menos que escribe para mujeres. Ella lo desmiente enfáticamente. Escribe como mujer, lo cual es distinto, pero no reivindica su condición de mujer para lograr ser leída. Pero escribe para mujeres y hombres y de mujeres y hombres. No tiene la fácil pose del feminismo desarticulado y fanático. Y no cree que haya un boom de literatura femenina, aunque sea leída con fruición por las mujeres y aumente sus ventas por su condición de mujer: es "como si Gabriel García Márquez saliera a convencer a los hombres de que lo lean, porque él es hombre" dijo en su paso por Colombia (septiembre de 1998) al editor cultural de un periódico de Santafé de Bogotá. Y al escribir desde los fantasmas que rondan el espíritu femenino nos sirve a los hombres para aprender a mirar el mundo desde esa perspectiva.

En mal de amores hay mujeres típicas y atípicas. Pero las interesantes son las atípicas y el prototipo de ellas es Emilia Sauri. Enfrentada a su mundo, su sociedad y su cultura trata de ser ella misma en las ideas y en el amor. Frente a la influencia de las dos religiones, la de los aztecas y la de los cristianos, ve en ambas la presencia de la arbitrariedad. Y de su inutilidad: cuando le urge pedirle algo a dos dioses al mismo tiempo encuentra que ni Quetzalcóatl ni la Virgen de los Remedios ayudan gran cosa. "La única que concede cosas es la vida" le dice su padre. A veces más de las que se le pide. A su madre le ha bastado con lo que le concede la vida ("porque naciste con luna llena"). Para Emilia ("tú naciste con luz eléctrica") no le basta y cada vez le pide más y más a la vida.


A la vida le pide, y la vida le da, por ejemplo, amar a dos hombres al mismo tiempo. Y a ambos con intensidad, aunque diferente. A Daniel Cueca con el amor de la infancia que se prolonga en los pocos momentos en que los vericuetos de la guerra el dejan compartirlo, amor de pasión e incertidumbre. A Antonio Zabalza con el amor tranquilo de la madurez y la serenidad de la familia y los hijos, que sin embargo, no arranca del alma el otro amor ("hombre extraño entre los hombres, querible como ningún otro, porque como ningún otro fue capaz de comprender la riqueza de alguien que sin remedio y sin pausa tiene fuerzas para dos amores al mismo tiempo"). Porque Emilia son muchas emilias ("¿Cuántas Emilias iban por la vida viviéndolas como si les urgiera devorarla? Daniel estaba seguro de que nunca las conocería todas. Algunas, incluso, prefería no imaginarlas"). Zabalza es dueño de una de ellas, la serena y tranquila esposa y madre. Diego es dueño de otra, la desaforada y pasional. Pero Emilia misma es dueña del resto. Y no las cede a ninguno porque son finalmente su identidad y razón de ser que le permiten apropiarse con intensidad de la vida.

Mujer que debe construir su mundo femenino en un ambiente masculino. Cuando presentan la niña en el salón familiar, "todo en esa sala olía al mundo de los hombres. Las pocas mujeres que discurrían entre ellos, era porque se habían hecho el ánimo de parecérseles en el modo de razonar y equivocarse. No porque ése les resultara el mejor de los modos, sino porque tenían claro que el mundo de los hombres sólo se puede penetrar portándose como ellos". Y en ese mundo, a Emilia Sauri le corresponde construirse como mujer.

Mal de amores es una novela que deben leer los hombres.

Angeles Mastretta. Mal de amores. México: Alfaguara, 1997.